Un año después Matsumoto estudió dos grupos de 500 personas cada uno. 500 víctimas de latigazo cervical Vs. 500 voluntarios sin síntomas ni accidentes. Es un estudio muy importante por la cantidad de gente y bien realizado. Nuevamente no halló diferencias en la lordosis cervical de ambos grupos ni asociación de curvas y síntomas. Encontró, al igual que en otros estudios, más rectificaciones entre jóvenes y mujeres. Como es un tema candente y sobre el que sigue estudiando y debatiendo existen muchos más estudios con idénticas conclusiones que se podrían agregar a esta lista.
Solo encontramos dos autores, McAviney y Harrison, que no coinciden con estas conclusiones mediante estudios pequeños pero que reflejan también que no es un tema cien por ciento cerrado o de absoluto acuerdo.
Por último, en 2018, médicos de la provincia de Henan, China, estudiaron 21 publicaciones concernientes a 15.364 personas en un análisis estadístico (metanálisis). Nuevamente no encontraron relación entre síntomas y cambios de la curva. También hallaron que entre los jóvenes se daba un gran aumento del porcentaje de rectificados frente a los adultos mayores.
Muchos de estos estudios concluyen que la falta de lordosis o aún más, la inversión cervical, no sería una patología si no una condición normal de esta época. Al no tener una asociación directa y verificable con el dolor debería ser considerada normal.
Si decimos que es la nueva normalidad parece que desestimamos la importancia de las curvas en la columna y que todo es lo mismo. Pero si decimos que es patológico parece que es una tragedia y no nos vemos respaldado por los estudios.
Lo ideal es tener una bella lordosis cervical. Biomecánicamente esto protege a los discos intervertebrales y otras estructuras del cuello. La rectificación es un factor negativo por varios motivos. Sin embargo, empieza a ser tan habitual que la palabra normal le cabe. La palabra sano no, no diríamos que es un cuello sano. Pero recordemos que el alumno puede ser asintomático por siempre.
Si comparamos los resultados del metaanálisis actual con el estudio de los ´70 vemos que entre los asintomáticos el porcentaje de rectificados creció del 20% al 36%. No hay datos comparativos como para afirmar que esto es definitivamente así pero impacta semejante cambio en solo 40 años.
El otro dato fundamental es el aumento exponencial de las rectificaciones en jóvenes que es hacia donde vamos. Y esto abre el debate sobre si seguimos evolucionando como especie o ya empezamos a involucionar. Y con respecto a la relación con el dolor no sorprenden los resultados. El dolor es un problema biopsicosocial complejo y es difícil reducirlo a números o estudios específicos por más complejos que sean estos. El dolor escapa a estos reduccionismos.
Es algo que nos pasa en el cuerpo, el alma y las emociones y ahí no hay estudio que pueda abarcarlo todo.
En conclusión, la rectificación o inversión cervical es más habitual de lo que creemos pero no es “sana”. Sin llegar a constituir en si una enfermedad propia que implique siempre un sufrimiento pone al cuello en desventaja mecánica para ciertas tareas.
Es importante comprender que pasa en nuestros cuellos, y los de nuestros alumnos cuando practicamos determinados asanas.
Y volvemos a una afirmación que siempre repito y escuché de mis maestros: Estudiamos la postura, la tratamos de modificar pero lo que va a determinar nuestra salud, más que la postura es nuestra capacidad de movimiento.
Clase abierta – Columna cervical y el Yoga