Gwendolen Jull, profesora emérita de la Universidad de Queensland, Australia y autora de varios libros y más de 270 artículos científicos sobre el tema, señala que NO se debe asumir una relación directa o de causa y efecto entre la presencia de dolor y las alteraciones degenerativas como rectificaciones, hernias de disco, artrosis, etc.. Pone blanco sobre negro: “Los cambios degenerativos de la columna cervical se encuentran con frecuencia en individuos asintomáticos. La presencia o la intensidad de dolor pueden no guardar relación con las alteraciones estructurales” .
¿Traducido a simple? Tener la columna cervical rectificada no quiere decir que sí o sí te tenga que doler. O dicho de otro modo, si te duele el cuello y tu columna está rectificada no quiere decir necesariamente que ambas cosas están relacionadas. O tal vez lo están pero el dolor se puede ir y tu cuello sigue rectificado y sin dolor por el resto de tu vida.
Son tantas las rectificaciones cervicales que, más allá de lo que dice Jull, se ha abrió otro debate ¿Qué es sano o normal para el cuello hoy en día?
En los años 50 se hicieron los primeros estudios con radiografías para intentar hallar la curvatura cervical “normal”. Normal viene del latín normalis y quiere decir todo lo que se halla en su estado natural. O sea que normal parecería decirnos sano.
Pero en 1733, un tal Abraham de Moivre, incluyó el concepto de “distribución normal” a la estadística y empieza a referirse a los fenómenos que son esperables en determinadas poblaciones. La leyenda cuenta que Abraham de Moivre reducía todo a estadísticas y llegó a predecir la fecha de su muerte a través de un cálculo estadístico. Falleció un 27 de noviembre de 1754 y según parece predijo su muerte con 73 días de antelación. Aunque no se conoce el nivel de exactitud de su predicción. Y con la historia de Abraham de Moivre pasamos a mezclar sutilmente lo natural con las estadísticas. Una profesora me dijo alguna vez que “la estadística es la hermana de la matemática que se dio a la mala vida”. Por eso si yo me como dos pollos y mi vecino ninguno, estadísticamente nos comimos un pollo cada uno. Volvamos a las cervicales y qué es sano o normal.
Vamos a ver qué dicen los estudios científicos…
A principios de los 70 Weir (y otros, siempre nombramos al primer autor) realizaron un estudio sobre gente con dolor cervical. Sorpendentemente hallaron que entre las personas sin dolor cervical había un 20% con el cuello rectificado. Fue el primer estudio que mostraba que podía haber rectificación sin dolor.
Gore en el 87 realizó un estudio muy interesante con un seguimiento a 10 años. Es una investigación muy potente porque evita ser una “foto de hoy”y nos ofrece una película. Alguien con una rectificación cervical puede no tener dolor durante el estudio pero a los tres meses sufrir una crisis. Por eso Gore hizo un seguimiento de 200 pacientes a lo largo de 10 años. O sea podemos saber como estuvo cada participante a lo largo de ese tiempo. En dicho estudio no encontraron correlación entre la curva cervical y el dolor actual pero notablemente tampoco hubo asociación entre la curva y la evolución de las personas a lo largo de 10 años.
Heliwell se metió con el tema de la curva y el latigazo cervical típico del accidente automovilístico. Es muy común oir pacientes o alumnos que dicen: me rectifiqué en un accidente. En muy pocos casos esto puede ser cierto y generalmente son personas que ya estaban rectificadas y además sufrieron un accidente. Formaron 3 grupos: pacientes con dolor agudo post latigazo, pacientes con dolor crónico de cuello y “sanos”, gente sin antecedentes de dolor cervical. Paradojalmente los más rectificados fueron estos dos últimos grupos y los accidentados no tanto.
Hardacker en 1997 es el primero en reportar que halló mayor rectificación entre personas jóvenes. Esto es casi habitual en los estudios que siguieron a éste. El uso de dispositivos informáticos (laptops, celulares, etc) desde edades más tempranas es la principal explicación hallada por los autores.